Esta historia transcurre en alta mar donde dos piratas anclan sus embarcaciones muy cercanas una de la otra para llevar a cabo un pacto de sangre.
Uno de ellos, el de mayor experiencia en Piratería se llama George “Barbanegra”. Ha enfrentado más de mil saqueos, pero su mayor tesoro es una colección de soldaditos de metal que robo en una de sus tantas cruzadas. Además, en sus tiempos libres, cuando no tiene ningún cargamento que desvalijar practica aeromodelismo, los aviones los construye el con sus propias manos, demás esta decir que cada planeador que termina le lleva entre uno y dos años de arduo trabajo.
La tripulación de George es de un solo marinero llamado Alfredo N´iunpelo, el pobre, fue rescatado de pequeño por George y desde entonces trabaja a sol y a sombra para ganarse su camarote y el pan de cada día, pero tanto trabaja que nunca hizo otra cosa, es virgen, jamás tuvo relaciones sexuales con ningún ser vivo, tiene postales y cuadros pintados de mujeres desnudas en su camarote y varias veces El capitan, George tuvo que tirarle la puerta abajo para que saliera del baño.
En el otro barco, navega Manolo un pirata gallego que heredó la embarcación de un pariente lejano conocido como Henry Morgan y peca de ignorante en el oficio de ser Pirata, no sabe del comercio, de conquistas, ni sobornos, pero algún tiempo atrás, enfrento un abordaje sangriento para obtener algunas riquezas y llegado el momento del saqueo el adversario no fue más que un barco de un Circo Flotante del cual obtuvo su mayor botín, la más obediente de las gorilas del espectáculo, “Mauricia, la trapecista”. Ella, enseguida se sintió parte de la tripulación y se divertía con Manolo haciendo puras bribonadas.
Un día, en una fonda en la Ciudad de Leeds en Gran bretaña, Manolo conoció a George y en un partido de poker se volvieron muy compinches e hicieron un pacto de sangre, un pacto pirata. George que cargaba la experiencia de incontables travesías, le ensañaría a Manolo el oficio de la piratería, y así, los dos conquistarían al fin un barco lleno de riquezas.
Así fue que Manolo y el viejo lobo de Mar, anclaron sus barcos en el Mar “Meditaunrrato” para diseñar un plan de pillaje firme y conjunto.
Manolo llegó a la anhelada convocatoria dispuesto a sellar el pacto y adquirir conocimientos fieles a su deseo de convertirse en un filibustero y contrabandista de raza. Por supuesto fue acompañado de su fiel compañera, la Mona “Mauricia, la trapecista”. George se detuvo con atención al advertir semejante animal, pero al ver que se limitaba a menear la cabeza con aire entupido corrió su atención de ella.
Manolo y George cocinaban unas barbacoas en la proa de la embarcación, y Mauricia correteaba por cubierta entretenida, es así cuando Alfred la vio. Con su figura pulposa y depilado a la francesa que se veía extraordinario con la brisa del atardecer, Alfred se encontró sonrojado y comenzó a acercarse lentamente a la mona, su cara se fue transformando en un cúmulo de deseo y júbilo que no podía controlar, cada vez más impaciente perseguía a la trapecista que empieza a hostigarse, mostrando sus habilidades para trepar. Ella repentinamente se había puesto de muy mal humor, embarulladamente ese mal estar se acentúo hasta volverse endemoniada corriendo desorbitadamente por todos lados, rompiendo todo lo que encontraba a su alcance. Alfred miraba desesperado, con un hilo de baba deseoso de tanta potencia y su atisbo indecente cada vez mas profundo. Desesperada Mauricia llega al destrozo total y colgada intentando escaparse despedaza el tesoro mas valioso de George, sus aviones de aerodinamismo, y eso no es todo, la célebre colección de soldaditos ya flotaba dispersa en el agua encaminada hacia las profundidades del mar.
George perdió completamente su compostura, hasta el mar se había sacudido de tanto alboroto y a cada balanceo de la mona el buque se tambaleaba y la cara de George se desfiguraba aun más, tanto que ordeno a Alfred que ¡¡MATE A LA MONA !! Pero difícil comedido para el inocente marinero que estaba hipnotizado con los pechos turgentes de Mauricia y no solo no la pudo matar sino que encendido en una llamarada de pasión que ardía por sus ojos, por su boca, por sus manos rozó el cañón de ataque y disparo ¡FUEGO! ¡FUEGO! GRITO MANOLO…
Más que una cañita al aire, Alfred se termino tirando un cañonazo y más que a la mona, se lo dio al barco de Manolo que pronto comenzó a arder en llamas.
El pacto se rompió, el plan de conquistar un tesoro milenario quedó más hundido que los soldaditos de colección, los deseos de Manolo destrozados como los preciados aviones y la paciencia de los dos piratas enfurecidos, encendida de bronca: como el cañón, como el barco de Manolo y como la pelvis de Alfred…
Cuenta la leyenda que esa noche comenzó una cruenta y escalofriante batalla entre los dos piratas… días y noches pasaron a espada ligera, convirtiendo la misma en la peor lucha entre piratas que jamás se hubiera dado en la historia… y tanto tiempo fue pasando que en el transcurso de los años hubo dos que se terminaron haciendo muy, MUY “amigos”.


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